Un estudio en Global Change Biology alerta de que el fuego ya penetra en bosques templados de montaña que actuaban como barrera natural frente a las llamas.

Incendios forestales alcanzan hayedos antes considerados no inflamables
Los incendios forestales impulsados por el cambio climático han comenzado a penetrar en hayedos y otros ecosistemas de montaña tradicionalmente considerados como barreras naturales frente al fuego, según un estudio liderado por investigadores españoles y publicado el pasado 18 de agosto de 2026 en la revista Global Change Biology. El trabajo, difundido por EFE Verde, advierte de que estos bosques templados están perdiendo su condición de refugios frente a las llamas.
La investigación, firmada por Luz Valbuena y David Beltrán, de la Universidad de León, junto al ecólogo Juli G. Pausas, del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CSIC-UV-GVA), analiza el incendio declarado por un rayo en Barniedo de la Reina (León) durante la ola de calor excepcional de agosto de 2025. El fuego arrasó 19.100 hectáreas en la montaña oriental leonesa, dentro del Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre.
Un cambio de régimen de incendios en los hayedos
De acuerdo con la información recogida por Infobae, el área afectada incluía 714 hectáreas de hayedo puro (Fagus sylvatica) y otras 430 hectáreas de bosques mixtos de haya y roble, formaciones características de ambientes frescos y húmedos donde los grandes fuegos estivales han sido históricamente muy raros.
Los autores describen este episodio como un ejemplo claro de «cambio de régimen de incendios» vinculado al calentamiento global, ya que las llamas alcanzaron altitudes donde estos eventos eran excepcionales. Como recoge Público, aproximadamente un tercio del hayedo quedó intacto o con daños leves, otro tercio sufrió mortalidad masiva de arbolado y el tercio restante presentó daños intermedios.
Las inspecciones de campo posteriores al incendio revelaron que, en las zonas más castigadas, murió de media el 74 % de los ejemplares con más de diez centímetros de diámetro, mientras que los árboles de menor tamaño desaparecieron por completo. Los supervivientes, casi un año después, mostraban una recuperación muy limitada de copa y rebrotes débiles.
Regeneración escasa y avance del matorral
Una de las conclusiones más preocupantes del estudio, según ECOticias, es la escasa regeneración natural del haya. Mientras las plántulas aparecen de forma muy puntual, los investigadores detectaron una abundancia mucho mayor de especies arbustivas adaptadas al fuego, especialmente leguminosas capaces de germinar masivamente tras el paso de las llamas.
«Es muy probable una conversión hacia matorrales, lo que implica un cambio desde un bosque poco inflamable a una vegetación altamente inflamable», señalan textualmente los autores en declaraciones recogidas por EFE Verde. El estudio advierte, además, de un efecto de retroalimentación: cuantos más matorrales aparezcan, mayor será la probabilidad de nuevos incendios, dificultando aún más la recuperación del hayedo original.
Una señal de alarma para los bosques templados europeos
Los investigadores subrayan que la relevancia del caso leonés trasciende el ámbito local y constituye una señal de alarma para los hayedos europeos y otros ecosistemas templados hasta ahora considerados ajenos a los grandes fuegos forestales. Los modelos climáticos suelen centrarse en temperaturas, precipitaciones o desplazamientos de especies, pero a menudo subestiman el papel de los incendios.
Los resultados obtenidos en León sugieren que los cambios en los regímenes de fuego pueden tener consecuencias más rápidas y profundas que los efectos climáticos directos. Como recuerda Público, el calentamiento global «debilita las barreras naturales que históricamente limitaban la propagación del fuego» en ecosistemas templados.
Los autores concluyen que términos tradicionalmente utilizados para describir estos bosques, como «no inflamables», están perdiendo vigencia en plena crisis climática. Un contexto que enlaza con episodios ya cubiertos en este medio, como el gran incendio de La Palma diez años después o los efectos que ya sufren los ecosistemas fluviales del Tajo, y que refuerza la necesidad de repensar la gestión forestal en un escenario cada vez más cálido.
