El pinar palmero recupera el verde en las 4.864 hectáreas arrasadas en 2016, aunque los científicos advierten que la biodiversidad tardará décadas en volver

Pino canario: diez años después del gran incendio de La Palma
El pino canario vuelve a teñir de verde gran parte de las casi 4.900 hectáreas arrasadas por el incendio forestal que devastó La Palma en agosto de 2016, una recuperación que evidencia la excepcional capacidad de regeneración de esta conífera endémica. Sin embargo, los científicos advierten de que el ecosistema en su conjunto puede tardar décadas en recobrar toda su biodiversidad.
Según informa EFEverde, el fuego se inició el 3 de agosto de 2016 en la zona de Jedey y permaneció activo durante nueve días, afectando a 4.864 hectáreas, el 7 % de la superficie insular, repartidas entre los municipios de El Paso, Fuencaliente, Villa de Mazo y Los Llanos de Aridane. El incendio obligó a evacuar a cerca de 3.000 personas y, durante las labores de extinción, falleció el agente forestal Francisco José Santana.
Un pino canario adaptado al fuego y a los volcanes
El biólogo del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) Manuel Nogales ha explicado a EFE que el pino canario (Pinus canariensis) reúne en una sola especie “una combinación de adaptaciones excepcional entre las coníferas”. Entre ellas destaca una corteza que puede alcanzar los ocho centímetros de grosor y que protege los tejidos internos frente a las altas temperaturas de incendios e incluso de erupciones volcánicas, como ocurrió con el Tajogaite en 2021.
A ello se suma el llamado parénquima axial, un tejido distribuido por el tronco y las ramas principales que permite emitir nuevos brotes tras sufrir graves daños por el fuego. De acuerdo con El Time, durante la erupción del Tajogaite se observaron ejemplares calcinados capaces de rebrotar hasta en cuatro ocasiones antes de morir, probablemente porque sus raíces habían quedado demasiado dañadas.
Otra adaptación es la apertura de las piñas bajo altas temperaturas, un mecanismo que actúa como un banco de semillas en altura y favorece la recolonización de las zonas afectadas.
Fajinas en lugar de repoblación
Esta capacidad natural de regeneración condiciona la gestión forestal tras un gran incendio. El jefe del Servicio de Medio Ambiente y Emergencias del Cabildo de La Palma, Francisco Prieto, señala que, a diferencia de otros territorios, en Canarias no suelen acometerse grandes labores de repoblación, ya que el pino canario comienza a rebrotar apenas un mes después del fuego.
Las actuaciones se centran, por ello, en evitar la erosión del suelo mediante fajinadas elaboradas con madera quemada, que ayudan a frenar la escorrentía y estabilizar los taludes en un terreno volcánico especialmente vulnerable. Prieto también advierte de que la recurrencia de los incendios y los periodos de sequía posteriores dificultan el rebrote y elevan la mortalidad: mientras en los fuegos de superficie apenas mueren ejemplares, en los incendios de copas puede perderse entre un 10 y un 20 % de los pinos.
La biodiversidad, la gran asignatura pendiente
Como recoge elDiario.es Canarias Ahora, Nogales defiende que estas adaptaciones están ligadas a la evolución del pino canario durante millones de años en un archipiélago volcánico, aunque insiste en que la recuperación del pinar no equivale a la del ecosistema.
“Un ecosistema lleva décadas en recuperarse”
, ha resumido el investigador del CSIC, quien recuerda que muchas especies vegetales y animales necesitan mucho más tiempo para recolonizar el monte y que los pinares actuales presentan una biodiversidad inferior a la que tendrían sin la alteración humana.
Según recoge Infobae, Nogales añade que el cambio climático supone un nuevo desafío para la regeneración de la especie, ya que la prolongación de las sequías pone a prueba unos mecanismos de adaptación que han permitido al pino canario sobrevivir durante millones de años en un territorio modelado por el fuego y los volcanes.
El caso palmero ofrece lecciones útiles para otros territorios afectados por el fuego, como ya analizamos en este reportaje sobre las secuelas de décadas en los montes quemados y en la cobertura reciente sobre los grandes incendios forestales en la península.
