Una investigación en Salamanca y Ávila demuestra que los ecosistemas no recuperan por completo su equilibrio tras el fuego

Los incendios alteran los ecosistemas durante décadas y que la restauración no siempre funciona.
Los montes quemados no vuelven a ser iguales: un estudio realizado en ecosistemas mediterráneos de Salamanca y Ávila concluye que los incendios forestales alteran durante años el funcionamiento de los bosques y que muchas de las actuaciones aplicadas para acelerar la recuperación apenas consiguen restaurar por completo su equilibrio ecológico. La investigación, publicada el 23 de julio de 2026 en la revista internacional Forest Ecology and Management, llega en un momento especialmente delicado, cuando los incendios en España se han triplicado este año.
Según informa EFEverde, el trabajo analizó la evolución de cuatro emplazamientos afectados por el fuego: Las Quilamas (Salamanca), Pedro Bernardo (Ávila), Liétor y Hellín (Albacete). El objetivo era evaluar cómo responden los bosques mediterráneos tras un incendio y qué efectos reales tienen las distintas estrategias de restauración forestal aplicadas por las administraciones.
Multifuncionalidad ecosistémica: la clave del análisis
Los autores emplearon un indicador denominado «multifuncionalidad ecosistémica», que integra aspectos como la producción vegetal, la fertilidad del suelo, la regulación del agua, el almacenamiento de carbono o la actividad microbiana. De acuerdo con El Debate, la principal conclusión es que los incendios reducen de forma general esa capacidad global del ecosistema para prestar servicios ambientales, incluso cuando algunas funciones concretas parecen haberse recuperado a simple vista.
El trabajo cobra especial relevancia en Castilla y León, una de las comunidades más castigadas por los grandes incendios forestales de los últimos años, donde la restauración de los montes quemados supone una de las principales preocupaciones de gestores forestales y administraciones autonómicas.
Las funciones más vulnerables al fuego
Los investigadores comprobaron que no todas las funciones ecológicas responden igual al fuego. Mientras algunos procesos relacionados con el suelo muestran cierta resistencia o se estabilizan relativamente rápido, otros vinculados a la vegetación, al almacenamiento de carbono o a la regulación hídrica sufren alteraciones más profundas y persistentes.
En Pedro Bernardo, escenario de un incendio de alta severidad en 2019, los científicos detectaron cinco años después problemas especialmente visibles en la capacidad del suelo para regular el agua, «una función clave para reducir la erosión y favorecer la recuperación de la cubierta vegetal», según recoge ileon.eldiario.es.
Por el contrario, en Las Quilamas, donde se estudió un gran incendio ocurrido en 2005, los resultados muestran que la recuperación ecológica puede seguir trayectorias complejas y no siempre lineales. Dos décadas después del fuego, algunas funciones habían alcanzado niveles similares e incluso superiores a los observados en zonas no quemadas, lo que sugiere procesos de reorganización ecológica a largo plazo.
La restauración no es una receta única
Otro de los hallazgos más llamativos es que las actuaciones de restauración posteriores al incendio no ofrecen resultados universales. Su eficacia depende en gran medida de las características ambientales de cada lugar, del clima y del tiempo transcurrido desde el incendio. En algunos casos las intervenciones mejoraron determinadas funciones ecológicas, mientras que en otros tuvieron efectos escasos o incluso negativos.
Los autores defienden estrategias adaptadas a cada territorio y advierten de que evaluar únicamente aspectos visibles, como la regeneración de la vegetación, puede ofrecer una imagen incompleta de la recuperación real del bosque. Como ya contamos en nuestra información sobre los incendios en Castilla-La Mancha, la prevención sigue siendo la mejor herramienta frente al fuego.
Un verano negro para los bosques españoles
El contexto del estudio es especialmente crítico. De acuerdo con datos publicados por Deia, los incendios en España se han triplicado en 2026, rozando ya las 125.000 hectáreas quemadas. Estas cifras refuerzan la urgencia de repensar la gestión forestal y la restauración postincendio, tal como venimos informando en el seguimiento de los grandes fuegos de la región.
La comunidad científica insiste en que solo con una visión integral, que atienda al suelo, al agua, al carbono y a la biodiversidad, será posible devolver a los montes quemados parte de la funcionalidad perdida. Mientras tanto, décadas después del paso de las llamas, muchos ecosistemas siguen mostrando cicatrices invisibles a simple vista.
