El río Tajo se seca a su paso por Toledo y crece la indignación

El caudal cayó hasta los 12,8 m³/s en el Casco histórico mientras se aprobaba un nuevo trasvase de 87 hectómetros cúbicos al Segura

El río Tajo se seca a su paso por Toledo y crece la indignación
El río Tajo se seca a su paso por Toledo y crece la indignación

El río Tajo se seca a su paso por el Casco histórico de Toledo, con episodios de bajada de caudal tan pronunciados durante los últimos días que en algunos tramos ha sido posible cruzarlo caminando. La situación ha desatado la indignación de numerosos vecinos, que denuncian el abandono del cauce en redes sociales y reclaman responsabilidades a las administraciones. Así lo recoge La Tribuna de Toledo en su edición local.

El contraste no puede ser mayor: mientras el nivel del agua descendía en la ciudad, la Comisión Central de Explotación del Acueducto Tajo-Segura aprobaba el pasado viernes un doble trasvase desde los embalses de Entrepeñas y Buendía. En concreto, se autorizaron 60 hectómetros cúbicos para agosto y otros 27 para septiembre, lo que suma un total de 87 hectómetros cúbicos derivados hacia la cuenca del Segura.

El río Tajo baja hasta los 12,8 metros cúbicos por segundo

Los registros de la estación de aforo situada en la Casa del Diamantista reflejan la magnitud de las oscilaciones. Según los datos difundidos por La Tribuna de Toledo, ese mismo viernes, a la una del mediodía, el caudal se situaba en 16,4 metros cúbicos por segundo, para elevarse en apenas dos horas y cuarto hasta los 29,42. El sábado, a las once y media de la mañana, pasaban por el Casco 13,38 metros cúbicos, y casi tres horas después la cifra volvía a dispararse hasta los 30,53.

El mínimo llegó el domingo: a las once menos cuarto de la mañana, el Tajo alcanzó su punto más bajo de los últimos días con 12,8 metros cúbicos por segundo, una cifra que dibuja una estampa impropia de un río de la envergadura del Tajo en el corazón de la ciudad Patrimonio de la Humanidad.

Las quejas vecinales y la reclamación de responsabilidades

Entre las voces críticas destaca la de Pablo Corrales, vecino de la ribera de La Cornisa desde su nacimiento, que asegura no haber vivido nunca una situación semejante, con su propio hermano “en medio del río, sin mojarse”. Corrales lamenta que “no importa nada el río, muchas normas medioambientales, mucha preocupación y a las elementales no les hacemos ni caso”.

El vecino considera que los caudales mínimos son ya de por sí “una ridiculez”, pero denuncia que ni siquiera se están cumpliendo. “Tenemos unas normas y unas sentencias que hablan de un mínimo de metros cúbicos por segundo y se lo están pasando por el Arco del Triunfo”, afirma en declaraciones recogidas por el diario toledano.

Corrales apunta además que en su zona las bajadas pueden notarse con mayor intensidad por la rotura de la presa de Santa Ana, un pequeño dique que retiene una lámina de agua. A falta de otras soluciones, se muestra partidario de repararla “y al menos vivir engañado”, porque, subraya, “no puede ser que lo primero que se ve de la panorámica de Toledo sea el abandono del río”. El vecino reclama responsabilidades a concejal, diputado, consejero y ministro de Medio Ambiente, y espera que haya “pataleo y denuncias” de lo ocurrido: “¿O es que están de vacaciones? Esto es algo más allá de los partidos”.

Un problema que se repite verano tras verano

El episodio de este verano de 2026 no es un caso aislado. En situaciones análogas de años anteriores, la estación de la Casa del Diamantista llegó a registrar mínimos por debajo del caudal ecológico establecido para Toledo, fijado en 13 metros cúbicos por segundo. La Confederación Hidrográfica del Tajo ha atribuido en el pasado esas bajadas bruscas a paradas en las turbinas de la central hidroeléctrica de Safont por labores de mantenimiento e incidencias eléctricas, mientras que colectivos y expertos vinculados a la Cátedra del Tajo han cuestionado esa versión y han calificado los descensos y subidas repentinas como habituales.

La preocupación por el estado del cauce se enmarca en un debate más amplio sobre la gestión de los recursos hídricos en la ciudad y la protección de la ribera del Tajo como seña de identidad y patrimonio natural de Toledo. Mientras tanto, los toledanos siguen mirando al río, testigos de una imagen que se repite verano tras verano y que reclama, según los vecinos, una respuesta que vaya más allá del color político de cada administración.

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