Contaminación río Tajo Toledo: bacterias fecales x40 el límite

Un TFG de la UCLM presentado en septiembre de 2026 cuantifica por primera vez la carga microbiológica del Tajo en Toledo: hasta 40 veces los límites legales y

Contaminación río Tajo Toledo: bacterias fecales x40 el límite
Contaminación río Tajo Toledo: bacterias fecales x40 el límite

La contaminación del río Tajo a su paso por Toledo ha quedado cuantificada con una contundencia sin precedentes. Un Trabajo de Fin de Grado (TFG) presentado el 4 de septiembre de 2026 en la Facultad de Ciencias Ambientales y Bioquímica de la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha revelado que las aguas del Tajo en la capital regional contienen concentraciones de bacterias fecales que llegan a multiplicar por 40 los límites legales permitidos para el baño. Los datos, recogidos entre noviembre de 2025 y mayo de 2026, dibujan un panorama ecosistémico de urgencia para la biodiversidad fluvial de una ciudad Patrimonio de la Humanidad.

El estudio que mide la contaminación río Tajo con cifras inéditas en Toledo

La investigación, titulada “Caracterización microbiológica y evaluación de la calidad de las aguas del río Tajo a su paso por la ciudad de Toledo”, fue elaborada por Paula Redondo Bueno y dirigida por María de los Llanos Palop Herreros, profesora del Departamento de Química Analítica y Tecnología de los Alimentos, y Raúl Urquiaga Cela, ambos investigadores de la Cátedra del Tajo UCLM-SOLISS. El trabajo fue calificado con un 9,6 sobre 10, un reconocimiento académico que subraya el rigor metodológico de sus conclusiones y que amplificó la repercusión mediática del informe a partir del 15 de septiembre.

Las muestras se tomaron en diez momentos distintos —tres en otoño, cuatro en invierno y tres en primavera— y en tres puntos emblemáticos del Tajo toledano: la zona de Safont, junto al puente de Alcántara; la playa de la Incurnia; y el camino Albarreal del Tajo, en las inmediaciones de la antigua central hidroeléctrica de Buenavista. Estas localizaciones coinciden, no por casualidad, con los enclaves donde generaciones de toledanos solían bañarse antes de que la prohibición entrara en vigor en 1972.

E. coli y enterococos: los números que alarman a los expertos

La normativa española vigente establece que, para que un tramo fluvial sea apto para el baño, el percentil 90 de Escherichia coli no debe superar las 900 UFC/100 ml, y el de enterococos intestinales no debe rebasar las 330 UFC/100 ml. Los resultados del estudio, recogidos por El Digital Castilla-La Mancha, son demoledores:

  • E. coli en invierno: 36.626 UFC/100 ml → 40 veces por encima del límite legal.
  • Enterococos en invierno: 13.599 UFC/100 ml → 41,2 veces el umbral permitido.
  • E. coli en primavera: 6.598 UFC/100 ml (7,3 veces el límite).
  • E. coli en otoño: 4.261 UFC/100 ml (4,7 veces el límite).
  • Enterococos en primavera: 1.009 UFC/100 ml (3,1 veces el límite).
  • Enterococos en otoño: 1.108 UFC/100 ml (3,4 veces el límite).

El invierno resulta ser, con diferencia, la estación más crítica. Los investigadores atribuyen este deterioro estacional al incremento de lluvias y al consiguiente arrastre de aguas de escorrentía urbana cargadas de contaminación fecal hacia el cauce del río, especialmente en los episodios en que el sistema de alcantarillado combina aguas residuales y pluviales sin separar.

Bacterias resistentes a los antibióticos: la amenaza silenciosa

El estudio no se limita a cuantificar la contaminación fecal convencional. Una de sus conclusiones más perturbadoras es la presencia de cepas de E. coli resistentes a los antibióticos: el 3,7 % de los aislados analizados mostró resistencia a los cinco antibióticos empleados en las pruebas. Este hallazgo convierte al Tajo toledano no solo en un foco de riesgo sanitario, sino en un potencial reservorio de resistencias antimicrobianas en el medio natural, con implicaciones que van mucho más allá de la simple aptitud para el baño.

Según informa EnCastillaLaMancha, las consecuencias para la salud de una exposición accidental a estas aguas pueden incluir enfermedades gastrointestinales graves, infecciones cutáneas y respiratorias, con especial riesgo para niños, personas mayores e inmunodeprimidas.

Impacto ecológico: el ecosistema fluvial de Toledo, en jaque

Más allá de la salud humana, estos niveles de contaminación microbiológica tienen un impacto directo sobre la biodiversidad del ecosistema fluvial. Las elevadas concentraciones de materia orgánica fecal reducen el oxígeno disuelto en el agua, alteran el equilibrio químico del cauce y comprometen la supervivencia de macroinvertebrados acuáticos, peces autóctonos como el barbo ibérico (Luciobarbus bocagei) o la boga del Tajo (Pseudochondrostoma polylepis), y aves estrechamente ligadas al río como la garza real, el martín pescador o el cormorán grande, todas ellas presentes en los tramos estudiados. Un río biológicamente degradado es, también, un corredor ecológico roto en el corazón de la ciudad.

Esta realidad resulta especialmente paradójica en el contexto del debate abierto sobre la presión urbanística sobre las riberas del Tajo en Toledo, donde vecinos y expertos ya advierten del deterioro progresivo de los espacios naturales fluviales. Recuperar la calidad biológica del río debería ser condición previa a cualquier nuevo desarrollo que afecte a sus márgenes.

La solución: depuración e infraestructura, no voluntarismo

Los expertos de la Cátedra del Tajo son claros: la solución no es una medida aislada, sino un conjunto de inversiones estructurales urgentes. Según el estudio, es necesario completar la separación de redes de saneamiento en los municipios que vierten al Tajo, construir depósitos de retención de tormentas que impidan que las primeras lluvias arrastren contaminación directamente al río, y modernizar las estaciones depuradoras de aguas residuales (EDAR) de la cuenca.

La autora del TFG lo resume con una frase que no deja margen a la complacencia: “La distancia que separa a la ciudadanía toledana de poder bañarse en el río Tajo es, por el momento, enorme”. Un diagnóstico que conecta directamente con el marco legislativo europeo: mientras el Plan de Restauración de la Naturaleza que España envió a Bruselas para 2027 prevé mejoras sustanciales en ríos y humedales, la realidad cotidiana del Tajo en Toledo ofrece un contrapunto difícil de soslayar. Cincuenta y cuatro años después de la prohibición, y con datos científicos ahora sobre la mesa, la pregunta ya no es si el Tajo puede recuperarse: es cuándo la voluntad política estará a la altura de lo que la ciencia ya lleva tiempo señalando.

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