Calor extremo: piscinas, toldos y árboles salvan a los animales

Refugios de fauna, protectoras y zoos activan sus protocolos anticalor en plena ola de julio: agua, sombra y arbolado para evitar golpes de calor en los animales.

Calor extremo: piscinas, toldos y árboles salvan a los animales
Calor extremo: piscinas, toldos y árboles salvan a los animales

El calor extremo que atraviesa España a mediados de julio de 2026 no solo pone en jaque a las personas: la fauna, tanto doméstica como silvestre, sufre con especial dureza unas temperaturas que se han instalado por encima de lo soportable. Frente a este escenario, los refugios de animales, las protectoras y los grandes parques zoológicos han activado sus protocolos anticalor, cuya receta se resume en tres elementos aparentemente sencillos: piscinas, toldos y árboles. Son las herramientas que marcan la diferencia entre un verano tolerable y un golpe de calor mortal.

Por qué el calor extremo amenaza a los animales

La clave está en la fisiología. Como recuerda Infobae en su guía publicada el 15 de julio, los mecanismos de los animales para regular su temperatura corporal “son menos eficientes que los humanos”, ya que dependen de sistemas limitados como el jadeo o la transpiración a través de las almohadillas de las patas. Por eso, ante un episodio de calor extremo, garantizar sombra y agua fresca no es un lujo, sino una cuestión de supervivencia.

El impacto sobre la fauna silvestre es igualmente severo. Los centros de recuperación de aves se llenan durante estas semanas de vencejos y golondrinas que, literalmente, se lanzan del nido para huir del sobrecalentamiento. “Estas olas matan a muchos pájaros”, resumían responsables de un refugio acuático, mientras describían cómo los progenitores tienen que regurgitar agua y aportar alimento fresco para mantener con vida a los pollos.

Piscinas, aspersores y hielo: agua contra el calor extremo

El agua es la primera línea de defensa. En los refugios y protectoras se instalan piscinas y puntos de agua donde los perros pueden refrescarse, se ofrecen esterillas refrigerantes y se recurre a baños y esquileos para eliminar el exceso de pelo. En los zoos, el protocolo se sofistica: sistemas de aspersión y duchas en las horas centrales del día para lobos, antílopes o bisontes, grandes piscinas para que los leones marinos se sumerjan y una dieta especial protagonizada por el hielo.

Según detallaban los cuidadores, los osos panda reciben helados de sandía, manzana, calabaza o bambú congelado, mientras los monos capuchinos juegan con bloques de hielo que esconden trozos de plátano en su interior. Una atención veterinaria de 24 horas y la revisión diaria de las previsiones completan un dispositivo que se amplía a medida que sube el mercurio.

Toldos, sombra y árboles: la infraestructura del refugio

Si el agua refresca, la sombra previene. Los toldos, las mallas de sombreo y los espacios interiores climatizados permiten a los animales escapar de la radiación directa, el factor que dispara el riesgo de insolación. Pero la solución más duradera tiene raíces: el arbolado. Los árboles frondosos son el refugio natural por excelencia y, a escala urbana, la mejor arma contra el efecto isla de calor.

Así lo ilustra el caso de Ibiza, donde, según informa El Debate el 13 de julio, se han plantado más de 400 árboles en dos años para combatir las islas térmicas. Integrar arbolado, cubiertas verdes y láminas de agua rebaja la temperatura ambiental y crea condiciones que, de paso, permiten a numerosas especies paliar los efectos del calor extremo.

Un espejo para Toledo y Castilla-La Mancha

La lección tiene una lectura local evidente. En Castilla-La Mancha, Greenpeace ha advertido de la escasez de refugios climáticos, una carencia que golpea tanto a vecinos como a la fauna urbana. Lo hemos abordado en Toledo sin refugios climáticos: Greenpeace alerta en plena ola y en el debate sobre el déficit de árboles y sombra en el Polígono.

Los expertos coinciden: garantizar bebederos, respetar la sombra existente y multiplicar las plantaciones son medidas de bajo coste y alto impacto. Frente a un calor extremo que ya es norma cada verano, proteger a los animales pasa por replicar en calles, parques y jardines la misma fórmula que triunfa en los refugios: agua fresca, buenos toldos y, sobre todo, muchos árboles.

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