El informe ‘Ciudades al rojo vivo’ de Greenpeace certifica que ninguna de las cinco capitales de Castilla-La Mancha cuenta con espacios de protección ante el

Toledo sin refugios climáticos: Greenpeace alerta en plena ola
Los refugios climáticos son una asignatura pendiente en Toledo y en el conjunto de Castilla-La Mancha. Mientras el mercurio supera los 40 °C en las calles de la ciudad imperial este julio de 2026, el informe Ciudades al rojo vivo de Greenpeace —publicado el 2 de julio— certifica que la región presenta una de las mayores carencias de infraestructura de adaptación climática de toda España. Ninguna de sus cinco capitales de provincia cuenta con una red oficial de espacios de protección ante el calor extremo.
El diagnóstico de Greenpeace: refugios climáticos a cero en toda CLM
El informe de Greenpeace, disponible en el canal oficial de la organización, revela que solo 19 de las 52 capitales de provincia españolas disponen de una red operativa de refugios climáticos —espacios públicos climatizados, accesibles y con horarios adaptados a los picos de calor—. Casi el 70 % de las capitales deja a sus vecinos más vulnerables desprotegidos durante las olas de calor.
Castilla-La Mancha ocupa una de las peores posiciones del mapa. La organización ecologista señala una “ausencia total” de refugios en sus cinco capitales provinciales: Toledo, Ciudad Real, Albacete, Cuenca y Guadalajara. Según el informe recogido por CLM24, el avance en la implantación de estas infraestructuras está “casi congelado” respecto al verano de 2025: solo se han sumado tres nuevas ciudades en doce meses —de 16 a 19 capitales—, un ritmo muy por debajo de lo que exige la emergencia climática.
“El verano que conocíamos ya no existe. El calor es ya un problema de salud pública que mata a miles de personas cada año.”
Elvira Jiménez, responsable de adaptación climática de Greenpeace España
Más de 1.000 muertos en un mes: los refugios climáticos no son un lujo
Las cifras de mortalidad certifican la urgencia de actuar. Solo en junio de 2026 se registraron en España más de 1.000 fallecidos por causas atribuibles al calor, con más de 200 muertes durante la primera ola de calor del verano, según datos publicados por Moncloa.com. Son cifras que contrastan dolorosamente con la inacción institucional en buena parte del territorio peninsular.
El contraste con otras ciudades españolas resulta especialmente revelador. Barcelona ha superado los 500 refugios climáticos operativos este verano, frente a los algo más de 400 del año anterior. Bilbao mantiene una red de 134 espacios —68 interiores y 66 exteriores— e impulsa un ambicioso plan de calor hasta 2035. Madrid activó protocolos de apertura de centros de mayores y 43 mercados municipales como puntos de abrigo accesibles para la ciudadanía. En Toledo, esa infraestructura básica de protección brilla por su ausencia.
Para Greenpeace, un refugio climático debe cumplir requisitos básicos: acceso completamente gratuito, horarios amplios —especialmente en las horas centrales del día—, condiciones de accesibilidad para personas mayores o con movilidad reducida, y difusión pública suficiente para que cualquier ciudadano pueda localizarlos. “No basta con colgar el cartel de ‘refugio climático'”, subraya el informe. En Toledo, ni siquiera ese cartel existe.
Toledo: el casco histórico de piedra bajo los 40 °C
La situación adquiere especial gravedad en Toledo. La ciudad registra en julio temperaturas medias de 34 °C, con picos habituales por encima de los 40 °C durante los episodios de calor extremo, según la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Su característica morfología urbana —casco histórico de piedra, calles estrechas y escasez de arbolado en las arterias más transitadas— convierte a Toledo en una de las ciudades de la Península más vulnerables al efecto isla de calor urbano.
Ante la inacción municipal, Movimiento Sumar ha reclamado al Ayuntamiento de Toledo —gobernado por PP y Vox— la aprobación de un protocolo municipal integral frente a las olas de calor. La propuesta incluye la habilitación inmediata de edificios públicos climatizados, patios y piscinas municipales como refugios climáticos, con activación automática basada en los avisos de AEMET para evitar la improvisación en cada emergencia. También plantea reforzar la atención domiciliaria a personas mayores que viven solas y establecer un sistema de seguimiento telefónico para la población más vulnerable.
Más verde, más sombra: las medidas estructurales que Toledo necesita
Pero la propuesta va más allá de las soluciones de emergencia. Sumar plantea transformaciones urbanísticas a medio plazo para aumentar la vegetación y la sombra en Toledo: garantizar que toda la población disponga de una zona verde a menos de 300 metros de su domicilio, recuperar la función climática de los patios interiores del casco histórico, instalar pérgolas vegetales en el espacio público, proteger las áreas de juego infantil del sol y desarrollar itinerarios peatonales sombreados entre los principales equipamientos de la ciudad.
Son planteamientos que conectan directamente con otros proyectos de renaturalización urbana ya en marcha en Toledo. Nuestro reportaje sobre el ‘Biobarrio’ del Polígono de Toledo recoge cómo la ciudadanía organizada ya trabaja en esa dirección, y la reciente transformación de la Ronda del Granadal en parque verde demuestra que convertir espacios degradados en pulmones urbanos es posible. Iniciativas que apuntan al camino correcto, aunque a un ritmo todavía insuficiente frente a la velocidad con que avanza el calor extremo.
Adaptación climática en CLM: entre la urgencia y la inacción
El informe Ciudades al rojo vivo pone de manifiesto que la falta de refugios climáticos no es un problema exclusivo de Toledo, sino una carencia estructural de toda Castilla-La Mancha. La región —que registra algunos de los veranos más calurosos de la Península Ibérica— no cuenta con la red básica de protección que ciudades del norte de España tienen ya consolidada desde hace años. Extremadura y Castilla-La Mancha son, según Greenpeace, las dos regiones del interior peninsular con mayor déficit en este ámbito.
La adaptación climática exige, según los expertos de la organización ecologista, un enfoque doble: soluciones inmediatas como los espacios climatizados accesibles, y transformaciones urbanísticas a largo plazo que incrementen el arbolado, la permeabilidad del suelo y los parques accesibles en las ciudades. En Toledo, el diagnóstico del informe de Greenpeace es contundente: el tiempo para actuar era ayer. Más de 1.000 muertos en un solo mes son la medida más cruda de esa urgencia que las administraciones locales y autonómica aún no han sabido —o querido— afrontar.
