Una torre de 12 metros con 150 nidos y refugio para 300 murciélagos busca recuperar aves insectívoras y ayudar al control biológico de los mosquitos en el entorno de Doñana.

La lucha contra el virus del Nilo Occidental suma un aliado inesperado en el entorno de Doñana: una Torre de la Biodiversidad instalada en La Puebla del Río (Sevilla) que combina aves insectívoras y murciélagos para reforzar el control biológico de los mosquitos. La llegada de las primeras parejas de vencejos a la estructura, según informa EFEverde, marca un nuevo paso para un proyecto que nació con vocación conservacionista pero que aspira también a reducir la presencia del insecto vector.
Detrás de la iniciativa están los expertos sevillanos Ángeles Mora y Diego Alves, fabricantes e ideólogos de estas estructuras a través de la empresa especializada Birds and Bats House, tal y como recogen medios como Atlas News. El proyecto arrancó ante el declive de los vencejos por la pérdida de lugares donde anidar.
«Nuestra principal idea no era combatir el virus del Nilo. Sabíamos que los vencejos estaban en declive por la falta de oquedades y por la escasa concienciación sobre su importancia, por eso construimos una torre para conservar la especie», ha explicado Mora a EFE Verde.
Cómo funciona la torre frente al virus del Nilo
La estructura alcanza los 12 metros de altura y dispone de 150 nidos para aves insectívoras como el vencejo común, el vencejo pálido, estorninos y gorriones, además de una cámara con capacidad para unos 300 murciélagos. A su alrededor incorpora un jardín con especies autóctonas, diseñado para atraer polinizadores y ofrecer refugio a reptiles e insectos beneficiosos.
La singularidad del proyecto reside en que las especies actúan de forma complementaria. Los vencejos permanecen activos durante el día alimentándose de insectos y, al caer la noche, los murciélagos toman el relevo. «Hablamos de un insecticida natural funcionando las 24 horas del día durante la primavera y el verano. Cuando los vencejos dejan de cazar porque llega la noche, salen los murciélagos y continúan alimentándose de insectos hasta el amanecer», ha señalado Mora.
Sus responsables estiman que, al alcanzar la máxima ocupación, la combinación de aves y murciélagos permitiría eliminar de forma natural cerca de un millón de mosquitos al día, según recogen portales especializados. Más allá de los mosquitos, la torre ayuda también al control de otros insectos como cucarachas, garrapatas y avispas.
Primeros resultados en Coria del Río y La Puebla del Río
La primera torre se instaló en Coria del Río gracias a la colaboración entre sus promotores y el ayuntamiento, una actuación que ya cuenta con sus primeros inquilinos, como han detallado Aljarafe Digital y otros medios comarcales. Después el proyecto se ha extendido a municipios como La Puebla del Río, donde la instalación se ha realizado con financiación europea, y existen también torres en Ponferrada y en la estación de Renfe de Almería.
La ocupación ha sido rápida. En Coria del Río los murciélagos comenzaron a utilizar la estructura apenas dos meses después de su instalación, y durante el primer año se asentaron todas las especies previstas. En La Puebla del Río la respuesta fue aún más veloz: «Solo habían pasado dos días desde la instalación cuando una colonia enorme de vencejos ocupó la torre. Creemos que están desesperados por encontrar lugares donde anidar», ha afirmado Mora.
El proyecto se enmarca en la comarca del entorno de Doñana y las marismas del Guadalquivir, una de las zonas más sensibles de España al patógeno tras los graves episodios registrados en la provincia de Sevilla en años recientes, que han causado numerosos casos e incluso fallecimientos, tal y como subraya Andalucía Información. La actuación complementa las labores de fumigación ya desplegadas en la zona contra los mosquitos.
Un impacto a largo plazo sobre la biodiversidad urbana
Aunque los impulsores consideran que el aumento de aves insectívoras y murciélagos puede reducir las poblaciones de mosquitos, reconocen que todavía no existe evidencia científica que demuestre una disminución directa del riesgo de transmisión. «Todavía no tenemos esa evidencia científica porque todos los proyectos son muy recientes. Hace falta que la ocupación siga en aumento y realizar un seguimiento durante varios años», ha aclarado Mora.
El seguimiento se realiza mediante observaciones periódicas de la ocupación y con informes anuales remitidos a los ayuntamientos, además de los controles epidemiológicos de las administraciones. Sus promotores sostienen que estas infraestructuras contribuyen también a recuperar especies autóctonas en declive, mejorar la biodiversidad urbana y crear espacios verdes adaptados al clima mediterráneo mediante jardines xerófilos de bajo consumo de agua. En esa misma línea de renaturalización se enmarcan iniciativas ciudadanas como el proyecto ‘Biobarrio’ para renaturalizar barrios o la creación de corredores ecológicos que enlazan hábitats.
Hasta la fecha se han instalado cinco torres en tres años. «No existe riesgo de alterar el equilibrio ecológico porque hablamos de especies locales adaptadas a convivir con nosotros. Nuestra aspiración es que se le dé la importancia que merece a la naturaleza que convive con nosotros», concluyen sus responsables.
