La Junta de Castilla y León ha presentado un estudio de un año que incorpora la salud del suelo como indicador para evaluar la restauración de cinco zonas arrasadas por grandes incendios forestales, con hongos y bacterias como termómetro de la recuperación del monte.

- El estudio se ha desarrollado durante un año en cinco zonas de Zamora, Ávila, Burgos y Salamanca afectadas por grandes incendios.
- Las zonas con obras de emergencia presentan mayor diversidad de hongos y elevada riqueza bacteriana.
- Los resultados servirán de base para un manual de buenas prácticas de restauración tras incendios forestales.
- En Burgos se ha probado la inoculación de microorganismos locales en nuevas plantaciones de encina y sabina albar.
La salud del suelo entra por primera vez como criterio para juzgar si la restauración de un monte quemado funciona. Según informa SoriaNoticias, la Junta de Castilla y León ha impulsado un estudio que mide cómo las obras de emergencia posteriores a un incendio forestal favorecen la vida bajo tierra.1 La noticia, difundida el 25 de octubre, la han recogido también La Razón, Burgos Conecta y Diario de Castilla y León.234
Cinco zonas quemadas, un año de análisis
Los trabajos se han desarrollado durante un año en áreas golpeadas por grandes incendios: la Sierra de la Culebra (Zamora), la Sierra de la Paramera (Ávila), Quintanilla del Coco y el Parque Natural Sabinares del Arlanza-La Yecla (Burgos) y la Sierra de Francia (Salamanca).1 En ellos han participado las empresas IDForest, Zenit Ingeniería y Consultoría y Air Medio Ambiente. Aunque el proyecto se ubica en territorio castellanoleonés, sus conclusiones interesan a otras comunidades con superficie forestal castigada por el fuego, como Castilla-La Mancha.
Más hongos y bacterias donde se actuó
El resultado central es que las zonas con intervención presentan una mayor diversidad de hongos y mantienen una elevada riqueza bacteriana, dos indicadores de cómo evoluciona el terreno tras el fuego. Según SoriaNoticias, los suelos con obras de emergencia como fajinas, albarradas y acolchado vegetal muestran una microbiota «más diversa y equilibrada».1 La razón, explica la Junta en la nota que reproducen los cuatro medios, es que estos organismos intervienen en procesos esenciales para la vegetación, como el acceso al agua y a los nutrientes.2
Cuanto más diversa y equilibrada sea la microbiota, añade el Gobierno regional, mejores serán las condiciones para que vuelva la vegetación y mayores las posibilidades de éxito de las reforestaciones. El análisis no es uniforme, porque cada actuación influye de forma distinta sobre los microorganismos del suelo, y de ahí que el estudio compare tratamientos en lugar de limitarse a medir el conjunto de cada área.4
Qué aporta cada obra de restauración
El acolchado con paja o la trituración de la madera quemada contribuyen a controlar la erosión, aportan materia orgánica y favorecen la actividad de los microorganismos descomponedores, según los resultados difundidos por la Junta.2 Las albarradas, muros que frenan la escorrentía en laderas, retienen suelo y humedad y pueden además acumular sedimentos con una elevada diversidad de hongos procedentes de las zonas situadas aguas arriba. Es decir, no solo conservan el terreno, sino que lo siembran de vida microbiana.3
«Cuanto más sano y equilibrado esté el suelo, menor será la vulnerabilidad del bosque.»
Junta de Castilla y León, según La Razón
De mirar la superficie a mirar bajo la tierra
Hasta ahora, la evolución de una restauración se medía sobre todo por lo visible: la recuperación de la vegetación, el crecimiento de las plantas o el control de la erosión. El nuevo enfoque suma la microbiota como indicador complementario para comprobar si las actuaciones son eficaces, lo que permite, según la Junta, conocer el estado de cada zona, ver cómo responde a cada tratamiento y decidir con datos dónde y cómo intervenir.1 La administración habla de restauraciones «más precisas», un término que sitúa el estudio como herramienta de planificación y no solo de diagnóstico.
Los resultados servirán de base para elaborar un manual de buenas prácticas de restauración de terrenos afectados por incendios forestales, que incorporará la biodiversidad y la salud del suelo como indicadores para planificar y evaluar las actuaciones.4 El documento aún no tiene fecha de publicación en las informaciones consultadas. El debate sobre cómo restaurar el monte tras el fuego ya se abordó en Toledo, como informó este diario sobre el debate europeo sobre incendios forestales con 41.451 hectáreas quemadas.
Microorganismos locales para encinas y sabinas
La Junta ha desarrollado además en Burgos una experiencia piloto de inoculación de microorganismos locales beneficiosos en nuevas plantaciones de encina (Quercus ilex) y sabina albar (Juniperus thurifera), según el texto oficial. Burgos Conecta y SoriaNoticias citan en este punto el enebro como segunda especie, una discrepancia que no altera el fondo de la experiencia.3 Se aplicaron hongos micorrícicos, Trichoderma y bacterias beneficiosas.
Los hongos micorrícicos facilitan que las raíces accedan al agua y a determinados nutrientes, mientras que Trichoderma y algunas bacterias ayudan a limitar los efectos de plagas y enfermedades forestales.1 Estos microorganismos se extraen de cada lugar, se reproducen en laboratorio y se incorporan después a las raíces de los árboles, de modo que están adaptados al suelo, al clima y a la vegetación de la zona. La Junta no ha detallado por ahora resultados de este piloto ni su posible extensión a otras provincias.
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