Acer negundo

Acer negundo

Ficha de la especie
  • Nombre común Arce negundo
  • Familia Sapindaceae
  • Primera observación 09/06/2025
  • Última observación 09/06/2025
  • Fotografías 3
  • Observaciones 1
  • Ubicaciones 1
HOJAS

Hojas opuestas, imparipinnadas, morfología única dentro del género Acer. Compuestas por un raquis central con 3 a 5 folíolos (raramente 7), de forma ovada a oblonga, con una longitud de 5 a 10 cm.

Los márgenes de los folíolos son aserrados o ligeramente lobulados. El haz presenta un color verde claro, mientras que el envés es algo más pálido. En otoño adquieren una coloración amarilla poco llamativa antes de la caída.

FLORES

Especie dioica: flores masculinas y femeninas en pies distintos. Flores pequeñas y apétalas, que emergen a principios de primavera, antes o simultáneamente con el brote foliar.

Flores masculinas: agrupadas en fascículos densos y colgantes, sostenidos por largos filamentos; anteras de color purpúreo o amarillento.
Flores femeninas: dispuestas en racimos péndulos y alargados de tonalidad verdosa, adaptadas a la polinización anemófila (por viento).

FRUTOS

Fruto en disámara (fruto seco doble con alas membranosas), colgante en racimos densos. Cada sámara mide entre 3 y 5 cm de longitud.

Las dos alas se disponen formando un ángulo agudo cerrado, generalmente inferior a 60°. Los frutos maduran a finales de verano o en otoño y con frecuencia permanecen en el árbol durante gran parte del invierno, favoreciendo la dispersión anemócora (por el viento).

NOTAS / HÁBITAT

Ecología y distribución: Nativo de América del Norte; naturalizado e invasor en diversas regiones fuera de su área de origen, incluyendo partes de Europa y la península ibérica, donde coloniza agresivamente hábitats riparios nativos gracias a su alta producción de semillas y capacidad de rebrote.

Resistencia: Especie sumamente rústica, tolerante a la contaminación urbana, la sequía temporal y las heladas intensas. Muestra preferencia por suelos húmedos y zonas de ribera.

Usos: Ampliamente empleado en paisajismo urbano y alineaciones de carreteras por su rápido crecimiento. Su madera es blanda y ligera, con escaso valor comercial maderero.

Curiosidad: Es el único representante del género Acer con hojas pinnadas compuestas, lo que lo distingue fácilmente del resto de arces.

Botánica urbana · Árboles de Toledo

El arce que nadie reconoce: cómo el negundo conquistó el Tajo haciéndose pasar por fresno

Crece junto al Tajo con una calma casi provocadora, luce hojas que parecen de fresno, lanza al aire miles de hélices en otoño y guarda en su historia capas de significado que van desde la mitología Lakota hasta la aeronáutica moderna. El Acer negundo es el árbol que sabe disfrazarse, y Toledo lleva tres siglos pagando las consecuencias de haberle abierto la puerta.

Acer negundo L., 1753 · Familia Sapindaceae · Subfamilia Hippocastanoideae Especie invasora en Castilla-La Mancha Origen: Norteamérica oriental y central

Un arce con cara de fresno: la identidad que cuesta ver

Junto al río Tajo, en Toledo, crece un árbol que casi nadie identifica correctamente a primera vista. Sus hojas compuestas pinnadas —formadas por tres a cinco folíolos ovados o lanceolados de bordes irregularmente dentados— recuerdan tanto a las del fresno que su nombre vulgar castellano más extendido hace referencia directa a ese equívoco: arce de hojas de fresno. Nada en él evoca la hoja palmada y lobulada que protagoniza la bandera de Canadá y que todo el mundo asocia mentalmente con el género Acer. Es, literalmente, el árbol que no parece lo que es.

Pero una vez que se sabe qué buscar, las señas de identidad se acumulan con claridad. Las ramas jóvenes brillan con un verde intenso y aparecen cubiertas por una fina capa cérea y blanquecina, a veces ligeramente azulada, que los botánicos denominan pruina —como si alguien las hubiera espolvoreado con azúcar glas—. El tronco de los ejemplares maduros se agrieta con surcos profundos y entrelazados de corteza grisácea que recuerdan un mapa de carreteras muy antiguo. La copa, amplia, redondeada e irregular, nunca parece del todo ordenada: es el árbol que creció como quiso. En cuanto al porte, suele alcanzar entre diez y veinte metros de altura.

Claves de identificación en campo
  1. ·Hojas compuestas pinnadas con 3–5 folíolos dentados: aspecto de fresno, no de arce típico
  2. ·Ramas jóvenes de color verde intenso con pruina (capa cérea blanquecina o azulada)
  3. ·Tronco maduro con surcos profundos y entrelazados, corteza grisácea
  4. ·Copa amplia, redondeada e irregular; altura habitual entre 10 y 20 m
  5. ·Disámaras dobles en ángulo agudo, persistentes en ramas desnudas durante todo el invierno
Confusión frecuente
El error más habitual al ver este árbol por primera vez es clasificarlo como fresno (Fraxinus) por sus hojas compuestas. Lo que lo delata inequívocamente como arce es la pruina blanquecina en las ramas jóvenes y, sobre todo, las sámaras dobles en ángulo agudo que cuelgan en racimos durante el invierno: ningún fresno las produce.

Flores sin pétalos, frutos que vuelan: la máquina reproductora del negundo

Arce negundo (Acer negundo) – 09/06/2025 7:41 PM
Arce negundo (Acer negundo) – 09/06/2025 7:41 PM© Enrique Pérez

El negundo es dioico: machos y hembras son árboles distintos y cada uno invierte su energía de forma diferente. Los pies masculinos producen nubes de polen anemófilo —transportado por el viento, sin intermediación de insectos— mientras que los pies femeninos fabrican el fruto que ha hecho famoso al árbol: la disámara. Las flores, pequeñas y amarillo-verdosas, carecen de pétalos y aparecen en primavera antes que las hojas, colgando en fascículos delgados: discretas hasta la invisibilidad, pero perfectamente eficaces.

La disámara es una sámara doble: dos alas membranosas unidas que forman un ángulo agudo, generalmente menor de sesenta o noventa grados, casi como dos manos juntas en actitud de rezo. Estas sámaras cuelgan en racimos largos y pesados que persisten en el árbol mucho después de que las hojas hayan caído, decorando las ramas desnudas del invierno con una especie de guirnalda seca. Solo los pies femeninos producen ese fruto, aunque ambos sexos contribuyen a la colonización del territorio.

Pie masculino
Produce nubes de polen anemófilo (dispersado por el viento, sin pétalos atractivos para insectos). No genera fruto ni sámara.
Pie femenino
Produce la disámara (sámara doble en ángulo agudo <60–90°). Los racimos son persistentes en invierno y fuente de toda la dispersión.
Caracteres florales y fructíferos del Acer negundo
CarácterDescripción
Tipo de polinizaciónAnemófila (viento, sin pétalos atractivos)
FloresPequeñas, amarillo-verdosas, sin pétalos, en fascículos; brotan antes que las hojas
FrutoDisámara: sámara doble con dos alas membranosas
Ángulo de las alasAgudo, generalmente <60–90°
Persistencia del frutoPermanece en ramas tras la caída de hojas, durante todo el invierno

De los viveros de Aranjuez al Tajo: un viaje de tres siglos impulsado por la física

Para entender cómo este árbol saltó de los jardines a las riberas del Tajo, conviene detenerse en la física extraordinaria de su sámara. Cuando cae, no cae: vuela. El ala membranosa actúa como un perfil aerodinámico que gira espontáneamente sobre un eje vertical, generando un fenómeno de autorrotación que los físicos han estudiado con herramientas propias de la aeronáutica. Durante ese giro se forma un vórtice de borde de ataque —el mismo mecanismo que emplean insectos y murciélagos para mantenerse en el aire—: una zona de baja presión sobre el ala que ralentiza la caída de manera extraordinaria y permite que las ráfagas de viento transporten las semillas a distancias considerables. Lo que hace el sistema especialmente notable es su robustez: funciona incluso cuando la sámara ha perdido hasta el cuarenta por ciento de su superficie alar por daños o condiciones adversas, con variaciones en la velocidad de descenso inferiores al quince por ciento.

La naturaleza diseñó aquí una máquina de dispersión casi perfecta, eficaz incluso en la tormenta. La conexión fluvial del Tajo hizo el resto. El Real Sitio de Aranjuez albergó, bajo el reinado de Carlos III, los principales viveros reales de aclimatación de especies exóticas de la Península Ibérica. En 1766, un cargamento procedente del gobernador de Nueva Orleans con plantas del Mississippi llegó a esos viveros y de ahí se distribuyó al reino. Desde Aranjuez, aguas abajo, el Tajo se convirtió en autopista de dispersión hacia Toledo: las sámaras giraban, el río corría y el negundo avanzaba.

Ruta de entrada a la Península Ibérica

1688: los botánicos europeos conocen el Acer negundo y comienza su introducción en cultivo ornamental.

Reinado de Carlos III: los viveros reales de Aranjuez se convierten en el principal centro de aclimatación de exóticas de la Península.

1766: un cargamento del gobernador de Nueva Orleans con plantas del Mississippi llega a Aranjuez y se distribuye por el reino.

Desde Aranjuez, la dispersión fluvial aguas abajo del Tajo —favorecida por la autorrotación aerodinámica de las sámaras— coloniza progresivamente las riberas hasta Toledo y más allá.

La física detrás del "helicóptero"
El vórtice de borde de ataque que genera la sámara en autorrotación es el mismo principio aerodinámico que usan insectos y murciélagos en vuelo. El sistema es tan robusto que una sámara con el 40 % del ala dañada varía su velocidad de caída menos de un 15 %. La evolución diseñó aquí un dispersor casi indestructible.

Un nombre que viajó de Bengala a las Grandes Llanuras: la etimología del «negundo»

Arce negundo (Acer negundo) – 09/06/2025 7:41 PM
Arce negundo (Acer negundo) – 09/06/2025 7:41 PM© Enrique Pérez

La historia lingüística de este árbol ofrece uno de los giros más inesperados de la botánica. El epíteto específico negundo no es latín ni americanismo: procede del sánscrito y el bengalí, donde la voz nirgundi designaba a la Vitex negundo, un arbusto asiático de hojas compuestas de aspecto similar. Cuando los botánicos europeos del siglo XVII se encontraron con este extraño arce americano que no encajaba en ningún molde conocido, tomaron prestado el nombre de una planta del subcontinente indio para bautizarlo. Un árbol de las Grandes Llanuras norteamericanas lleva, sin saberlo, el eco de los herbarios de Bengala. Carlos Linneo lo clasificó definitivamente en el género Acer en 1753, aunque el botánico Moench propuso después crear un género propio —Negundo aceroides— argumentando que sus hojas compuestas lo alejaban demasiado del grupo. La propuesta no prosperó.

Para los pueblos indígenas de las Grandes Llanuras, el negundo no era un árbol incómodo sino uno indispensable. Los Dakota, Lakota y Omaha extraían su savia en primavera para elaborar jarabe azucarado en regiones donde el arce del azúcar no llegaba, y usaban su corteza interna en preparados medicinales contra inflamaciones y afecciones cutáneas. Una leyenda Lakota narra que un joven guerrero, guiado por un pájaro carpintero de cabeza roja, encontró ramas huecas de negundo por las que el viento emitía una música triste y perfecta, y talló esa madera para crear la primera flauta de cortejo. Flautas talladas de esta madera han aparecido en yacimientos arqueológicos datados en el siglo VII.

Etimología

Negundo no viene del latín ni de las lenguas amerindias: procede del sánscrito y el bengalí, donde nirgundi era el nombre de la Vitex negundo, un arbusto asiático de hojas compuestas parecidas. Los botánicos europeos del siglo XVII, ante un arce que no se parecía a ningún arce conocido, recurrieron a un nombre asiático para describir un árbol americano. El resultado es una palabra que viajó de Bengala a las Grandes Llanuras sin que nadie lo planeara.

La polémica taxonómica que el árbol provocó
El botánico Moench propuso en su momento el género Negundo aceroides, argumentando que las hojas compuestas del negundo lo alejaban demasiado de los arces típicos. La propuesta no prosperó y Linneo mantuvo su clasificación como Acer negundo (1753), pero la controversia refleja hasta qué punto este árbol ha incomodado a la ciencia desde el principio: nunca ha querido encajar del todo en ningún sitio.

El invasor que prospera donde el río está enfermo

En los tramos del Tajo a su paso por Toledo, el negundo ha abandonado cualquier pretensión ornamental y se ha convertido en un problema ecológico documentado. Coloniza islas fluviales, márgenes alterados y orillas degradadas, desplazando la vegetación de ribera autóctona —sauces, álamos, fresnos— y formando en ciertos tramos masas casi monoespecíficas que nada tienen que ver con el bosque galería que debería poblar esas orillas. Los técnicos ambientales lo incluyen en los catálogos de especies invasoras de Castilla-La Mancha. La dinámica de su expansión tiene, además, un refuerzo químico: su hojarasca libera al descomponerse metabolitos secundarios que inhiben la germinación y el crecimiento de las plantas vecinas, fenómeno conocido como alelopatía. El efecto es dosis-dependiente —tóxico en concentraciones altas, paradójicamente estimulante en dosis bajas para ciertos vegetales—, pero el resultado neto con el tiempo es siempre el mismo: reducción de la diversidad y dominio del negundo.

Arce negundo (Acer negundo) – 09/06/2025 7:41 PM
Arce negundo (Acer negundo) – 09/06/2025 7:41 PM© Enrique Pérez

La paradoja que define al negundo como invasor es terrible en su lógica: las condiciones que favorecen su expansión —caudales alterados, contaminación, suelos removidos— son exactamente aquellas en que los árboles autóctonos de ribera más sufren. El negundo no triunfa a pesar del deterioro ambiental; triunfa gracias a él. Hay algo profundamente irónico en este desenlace: un árbol traído desde el Mississippi para embellecer los paseos de la ciudad imperial terminó siendo el ocupante que desplaza al bosque que siempre acompañó al Tajo. Cada sámara que gira sobre el agua en otoño es la crónica de un viaje que empezó en los viveros de Aranjuez hace tres siglos y que aún no ha terminado.

Acer negundo (invasora)
Prospera en márgenes degradados, caudales alterados y suelos removidos. Forma rodales monoespecíficos. Refuerza su dominio mediante alelopatía de la hojarasca. Incluida en el catálogo de invasoras de Castilla-La Mancha.
Sauces, álamos y fresnos (autóctonos)
Forman el bosque galería natural del Tajo. Se debilitan justo por las condiciones que el negundo aprovecha: contaminación, alteración de caudales y suelos removidos.
Alelopatía: dominancia química
La hojarasca del negundo no solo ocupa espacio físico: libera metabolitos que inhiben la germinación de otras especies al descomponerse. El efecto es dosis-dependiente (tóxico directo en concentraciones altas, estimulante en bajas para ciertos vegetales), pero el resultado final siempre apunta en la misma dirección: reducción de la diversidad y consolidación del rodal de negundo.
Perfil invasor: rasgos clave
  1. ·Incluido en los catálogos de especies invasoras de Castilla-La Mancha
  2. ·Coloniza islas fluviales, márgenes alterados y orillas degradadas del Tajo
  3. ·Puede formar masas monoespecíficas que sustituyen al bosque galería autóctono
  4. ·Desplaza sauces, álamos y fresnos ribereños mediante competencia y alelopatía
  5. ·Paradoja invasora: prospera justo donde los autóctonos más sufren (caudales alterados, suelos removidos)
Preguntas frecuentes

¿Por qué las hojas del negundo no se parecen a las de ningún otro arce que conozcamos?

Porque el Acer negundo es el único arce de hoja compuesta de todo el hemisferio norte. Mientras el resto del género Acer presenta hojas simples, palmadas y lobuladas, el negundo evolucionó en las riberas de Norteamérica con hojas pinnadas de tres a cinco folíolos dentados, morfológicamente indistinguibles a primera vista de las del fresno. Esa divergencia es tan llamativa que el botánico Moench llegó a proponer sacarlo del género Acer y crear uno propio para él. La propuesta no prosperó, pero dice mucho de hasta qué punto este árbol juega con nuestras categorías.

¿Cómo consigue la sámara del negundo mantenerse en el aire tanto tiempo, incluso si está dañada?

Al caer, el ala membranosa de la sámara entra en autorrotación sobre un eje vertical, generando un vórtice de borde de ataque: una zona de baja presión sobre el ala que ralentiza drásticamente la caída, el mismo principio aerodinámico que usan insectos y murciélagos en vuelo. Lo que hace el sistema especialmente eficaz es su tolerancia al daño: una sámara que ha perdido hasta el cuarenta por ciento de su superficie alar sigue cayendo con una variación de velocidad inferior al quince por ciento. La naturaleza diseñó aquí un dispersor casi indestructible.

¿Qué relación tiene el nombre «negundo» con Asia, si el árbol es de América del Norte?

El epíteto negundo no procede del latín ni de ninguna lengua amerindia: viene del sánscrito y el bengalí, donde nirgundi era el nombre de la Vitex negundo, un arbusto asiático de hojas compuestas de aspecto similar. Cuando los botánicos europeos del siglo XVII se encontraron con este extraño arce americano que no encajaba en ningún molde conocido, tomaron prestado un nombre asiático para bautizarlo. El resultado es uno de los giros más inesperados de la nomenclatura botánica: un árbol del Mississippi lleva el eco de los herbarios de Bengala.

¿Es cierto que el negundo puede ser tóxico para los caballos?

Sí, y el mecanismo tardó siglos en identificarse. Determinadas sámaras del Acer negundo contienen hipoglicina A, una toxina capaz de desencadenar la miopatía atípica equina: un cuadro de parálisis muscular severa que durante generaciones quedaba sin explicación. La causa fue finalmente identificada en el siglo XXI. La toxina se localiza en las sámaras —el fruto en forma de hélice—, no en las hojas ni en la corteza, que paradójicamente los pueblos indígenas usaban con fines medicinales.

Si el negundo llegó a Toledo como árbol ornamental, ¿por qué ahora es un problema ecológico?

Porque la misma máquina que lo hace bello en un jardín —sus miles de sámaras voladoras y su capacidad de crecer en condiciones adversas— lo convierte en un invasor imparable en cuanto sale de ese jardín. El negundo prospera exactamente donde los árboles autóctonos de ribera más sufren: suelos removidos, caudales alterados, orillas contaminadas. A eso se suma que su hojarasca libera metabolitos que inhiben la germinación de otras especies (alelopatía), reforzando químicamente su dominio. En las riberas del Tajo, el árbol que Carlos III trajo para embellecer los paseos termina siendo el que desplaza al bosque que siempre estuvo allí.

Acer negundo · Toledo Natura Enrique Pérez
Enrique Pérez

Enrique Pérez

Editor de toledo natura

Ingeniero agrónomo. Editor principal de Toledo Natura.
Como aficionado a la botánica he creado este blog para divulgar y poner en valor el patrimonio botánico de la ciudad.

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