Cabañeros guarda once abedulares, reliquias de flora norteña

FloraPor Redacción Toledo Natura · Toledo · 4 min de lectura

El Parque Nacional de Cabañeros alberga once poblaciones de abedulares, diez de la variedad parvibracteata, según el investigador César Sánchez. Son reliquias de flora septentrional de los Montes de Toledo, pero la mayoría están por debajo del tamaño mínimo viable.

Abedulares de cabaneros: bosque de abedules de tronco blanco en un valle otoñal, con luz dorada de atardecer atravesando la vegetación amarillenta y
Abedulares relictos del Parque Nacional de Cabañeros en otoño, con luz característica de la estación.
Lo esencial

  1. Cabañeros tiene once poblaciones de abedul: diez de la variedad parvibracteata y una de Betula pubescens celtiberica en La Ventilla.
  2. La población de La Ventilla sumaba 809 adultos en el estudio de 2003-2005; Vallemolino, 224.
  3. El tamaño mínimo viable ronda los cien individuos y la mayoría de los núcleos queda por debajo.
  4. Se proponen vallados, protectores y refuerzo con plantones de semilla local.

Los abedulares de Cabañeros son uno de los vestigios botánicos más singulares de los Montes de Toledo. Según explicó a EFEverde el investigador César Sánchez, en una conferencia ofrecida en Ciudad Real, el parque nacional alberga once poblaciones de abedul que sobrevivieron al último periodo glaciar.1 Sánchez desarrolló estos estudios durante su etapa investigadora en la Universidad de Castilla-La Mancha, y sus datos sirven hoy de referencia para entender el estado de estos bosques.

Abedulares de Cabañeros: refugios de otro clima

Según Sánchez, se trata de poblaciones relictas que resistieron al último máximo glaciar en enclaves favorables, sobre todo valles y zonas húmedas con orientación norte.1 El aislamiento y la adaptación al clima mediterráneo dieron lugar a una variedad propia, la parvibracteata, cuyo principal núcleo se encuentra en Cabañeros. De las once poblaciones, diez corresponden a esa variedad y una, en La Ventilla, a Betula pubescens celtiberica.

La ficha de valores naturales de Cabañeros, publicada por el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), recoge el abedul Betula pendula parvibracteata como endemismo de área muy restringida, limitado a los Montes de Toledo. La misma ficha señala que estas comunidades relictas albergan especies raras en el resto del parque, como acebo, aladierno o boj, además de varios helechos. Esta información institucional carece de fecha de publicación verificable y no se ha podido contrastar con fuentes independientes recientes.

Cifras por población: de 809 a ocho adultos

11poblaciones de abedul en Cabañeros
809adultos en La Ventilla
~100individuos, tamaño mínimo viable

El estudio, realizado entre 2003 y 2005, contabilizó 809 ejemplares adultos en La Ventilla, la población de B. pubescens celtiberica, mientras que las demás se hallan mucho más fragmentadas y repartidas por distintos valles.1 Entre las de la variedad parvibracteata, Vallemolino contaba con 224 adultos, Piedras Picadas con 167 y Candilejo con 137.

Por debajo quedaban Chozuela, con 75; Chorrera de Muelas y Garbazuelo, con 14 cada una; La Chorrera, con 12; Boquerón de Estena, con nueve, y Cabañeros, con ocho. Sánchez recordó que el tamaño mínimo viable para poblaciones de árboles y arbustos ronda los cien individuos, de modo que buena parte de los núcleos se sitúa en una situación crítica, sobre todo si los adultos están envejecidos y apenas hay árboles jóvenes.1

Una regeneración que se frena en las plántulas

Uno de los hallazgos centrales del estudio fue la regeneración. El investigador precisó que la germinación natural de las semillas puede alcanzar el 30 %, pero el problema llega cuando las plántulas deben superar las primeras etapas de crecimiento.

«La regeneración es muy escasa en la mayoría de los enclaves, con excepciones como Vallemolino y algunas zonas de El Chorro»

César Sánchez, investigador, EFEverde

Los suelos cenagosos son el microhábitat más favorable para germinar, por su humedad, pero también los más expuestos al pisoteo y al hozado del jabalí, al ramoneo de otros herbívoros y a las alteraciones de los cauces y de la disponibilidad de agua.1 La documentación científica del Organismo Autónomo Parques Nacionales (OAPN) apunta en la misma línea al señalar que la regeneración natural de B. pubescens es muy limitada por la escasez de microhábitats húmedos.

Medidas propuestas para evitar su desaparición

Ante este escenario, Sánchez plantea instalar pequeños vallados en las zonas de regeneración, colocar protectores individuales en los ejemplares jóvenes y reforzar las poblaciones más debilitadas con plantones obtenidos de semillas de los propios abedulares.1 Considera también necesario evitar la introducción de abedules de otras procedencias, preservar las condiciones hidrológicas y establecer un seguimiento periódico de cada población.

El otoño, cuando el follaje de los abedules cambia de color, es la época en que estos rodales resultan más visibles en el paisaje del parque, que ya ofrece otras citas de la estación, como se recogió en la berrea del ciervo en los Montes de Toledo. El objetivo final de las medidas, según el investigador, es conservar esta singularidad botánica y evitar que algunas de sus poblaciones terminen desapareciendo.1

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